Háblese de lo que se hable, siempre habrá varios criterios: ¡eso no es verdad!, ¡ahí hay medias verdades! o ¡eso sí es verdad! Sin embargo, en este tema tan recurrente, noto que lo más común ha sido reducir el saber a las experiencias, si bien estas actúan como mediaciones en su construcción y despliegue. Pensamos entonces la verdad como la realidad que el sujeto convierte en objeto.

Muchos nacionales y foráneos, y nacionales foráneos, al referirnos a la realidad de Cuba hemos absolutizando en grado extremo nuestra verdad, fenómeno del cual el hombre no escapa. Y es que, insisto, hay argumentos que, verdaderamente, surgen de las necesidades, los intereses y los objetivos propuestos.

Pero, pienso en esa frase que se atribuye al propagandista Joseph Goebbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Incluso, todavía hay quienes defienden las “verdades” del Tercer Reich.

Y “los Goebbels” siguen existiendo. Sectores poderosos siguen valiéndose, de manera consciente, de la mentira como medio para manipular las mentes de las personas sobre las que quieren influir y así lograr que acepten lo inaceptable y secunden sus planes.

Lo percibí ayer cuando vi a Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), y John Barsa, actual administrador de la USAID, entre otros personajes, en el programa de Alexander Otaola. Parecen seguir la experiencia nazi, pero las sociedades, como la nuestra, ya no creen en cualquier mensaje, por mucho que este sea presentado de manera “seductora”.

Es reprobable esa forma de “introducir” miedos, odios e inseguridades, para luego construir(se) una “verdad” conveniente y repetirla hasta empachar(se). Hablar mal de las misiones médicas cubanas, del destino de esos ingresos, del enfrentamientos a la pandemia de la COVID-19, de la calidad de los servicios hospitalarios…, obviamente perfectibles por los cubanos dignos, no fue la mejor idea para montar el circo.

Ahora resulta que vienen ellos, en un programa que fue visto para que alguien no haga cuentos después, a exponer una “especie de mapa muy suyo” a partir de lo que, al decir de los participantes, desconocemos los que, orgullosamente, navegamos en esta hermosa barca antillana.

Sepan entonces que tan familiar y conocido es el tema del PRESTIGIO DE LOS MÉDICOS CUBANOS que solo ustedes, y otros como ustedes, afirmarían lo contrario. Se estrecha más esa dependencia entre el poder y los “medios de comunicación”. Para ellos, simplemente basta crear un rumor y dejar que circule.

Ellos buscan, porque así lo han pensado, aprovecharse de las dudas que el montaje de una gran mentira genera en torno a alguien o algo. Incluso, mientras hemos sido “captados” por su “llamado de atención”, también podemos servir en la extensión de sus rumores.

¡Ya quisieran “esclavizarnos” a sus farsas! ¡Ya quisieran convertirnos en simples herramientas de propagación! En cada barrio hay médicos, familiares y amigos de galenos, que no aprueban ser insultados al llamarles “esclavos”. Es inadmisible.    

Dicen “hermanos cubanos”, pueblo todo, irrespetándonos nuevamente, pues creen que somos como grandes masas carentes de inteligencia individual. Con esto no niego que puedan convencer y persuadir a los indecisos políticos, para los cuales sí utilizan estrategias de lo más variopintas.

Algo sí queda claro: los medios independientes ya no son en Cuba y para Cuba como una flor exótica. Las redes también han llegado con sus propias verdades y mentiras, con sus matices. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, inmortaliza una máxima popular que funciona tanto en el terreno de la verdad como en de la mentira.

De ahí, el trabajo comprometido de nuestra prensa pública, sin temer a que ellos manejes luego, a su antojo, las estadísticas que mostramos. Y, mientras más se multipliquen las voces independientes, también los harán las voces que defienden este país. Para nosotros, simplemente basta apegarnos a los hechos y dejar que estos circulen.

Goebbels hablaba del principio de la transposición y señalaba que había que “cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. Eso es lo que tratan de hacer.

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”.

“Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada”. Ellos no son comunistas ni imperialistas, se presentan como “el pueblo”.

¿Podremos estar seguros? No dejemos que el odio pueda sobreponerse a nuestra racionalidad.

En fin, veamos los once principios de Goebbels:

1- Principio de simplificación y del enemigo único.

2- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.

4- Principio de la exageración y desfiguración.

5- Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

6- Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.

7- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa.

8- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.

9- Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10- Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.  

José Alemán Mesa

Foto: Tomada de https://lamenteesmaravillosa.com