Todos los días experimento esa sensación de dejarme llevar por un tren y perder la mirada hacia el horizonte.

Disfruto incluso echar una cabezadita, aprovechando el traqueteo del amasijo de hierro. Hasta he soñado todo el interior diferente, con un aire bohemio, menos anclado al pasado.

  Sucede que “mi” tren tiene el embrujo de los viajes de ensueño que vemos en las películas. Por eso, cuidarlo, ¡es también responsabilidad de quienes se benefician!

Para nadie es un secreto que otros trenes se anulan por días, mientras el de Orlando González permanece ahí. Sus dos coches, aunque insuficientes ya, resuelven varios problemas, entre ellos el del bolsillo.

¿Vale o no vale la pena cuidarlo y defenderlo?  

Tampoco se trata de lanzar el boletín o cucurucho de maní vacío al medio ambiente. Puede guardarse en nuestros bolsillos o maletines hasta que aparezca un lugar más apropiado para verterlo. En fin, consejos que doy.  

  

Por José Alemán Mesa

Fotos del autor.