El arroz se ha convertido por estos días en un personaje “salidito del plato”.  Y es que ese grano representa la vanguardia de la cocina cubana, servido en mayor o menor proporción, blanco o pintado, solo o con frijoles, carnes, huevos, pescados, embutidos o mucho de eso a la vez, en salsas, frito o salteado, ¡qué más da!

   Eso sí, ciertos menús, a falta de la gramínea, también gustan mucho. Tampoco quiero decir que un bistec, yucas con manteca o tostones de plátano,  nos haga renunciar al arroz. Desde luego, llegarle al bistec, la yuca, el plátano, la papa, el huevo… es otra dentro de una misma historia.

  Las cuentas apretadas de la economía cubana, dentro de ella de la producción arrocera, y el archiconocido bloqueo conducen al otro lado del mundo o latitudes más cercanas, en busca del tan apetecido cereal. Son cientos de miles de toneladas que consumimos las que atraviesan cada año los mares, luego de un tremendo pago millonario.

   Y sigue viéndose lejos ese objetivo del autoabastecimiento. El panorama indica estar distante de la demanda anual (de 700 mil toneladas) del país. Sumémosle a las comparaciones, no esas que la gente hace en la calle, que Cuba finalizó 2018 con una población estimada en alrededor de 11 208 000 habitantes, los que consumen 11 libras de arroz como promedio mensual, o sea, más de 60 kilogramos anuales per cápita.

   Las cuotas mensuales de arroz mediante la cartilla de racionamiento a precios subsidiados, si bien resulta aliciente, queda lejos de cubrir el mes.

   La Provincia de Ciego de Ávila está presentando problemas con el abastecimiento del arroz. ¿Será que no podemos sobre-ejecutar los planes, porque el plan es uno solo? ¿Será que si se vende más en enero, febrero y marzo, qué queda para los meses restantes? ¿Será que “para que no faltaran los productos” se deben regular las ventas? Disculpen, pero ahora mismo tengo sólo preguntas.

  Ahora la matazón es por el arroz, sumado a… Los avileños se ven obligados a esperar por horas el despacho del grano. Incluso, como pasó ayer en Orlando González, comunidad de Majagua, en Ciego de Ávila, donde una multitudinaria cola se quedó esperando.

El semanario Invasor publicó hace poco más de un mes, en su versión web:

Si vamos al arroz, Reinaldo Frómeta, subdirector del Grupo Empresarial de Comercio, admitirá que no solo se mantienen las casi 600 toneladas del grano liberado que cada mes vende, como promedio, esta provincia, sino que, además, “estamos distribuyendo unas 200 toneladas por encima. Ahora vendemos mucho más”, dice, y, aun así, se notan ausencias en el mercado que harían pensar en una demanda disparada (quizás difícil de enfrentar cuando el ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, reconoce que el 50 por ciento del arroz que se consume no se produce en Cuba) o en acaparamientos y especulación.

Y la Agencia Cubana de Noticias refiere que:

Trabajadores estatales y del sector cooperativo y campesino de Ciego de Ávila cerraron el 2018 con el acopio de cinco mil toneladas de arroz consumo, lo cual contribuye a sustituir importaciones de un alimento vital en la mesa cubana.

(…) tal cantidad equivale, aproximadamente, a la sexta parte del total del cereal que se consume en los 10 municipios de la provincia, en especial por el aporte del sector cooperativo y campesino, el cual garantiza el 94 por ciento del arroz molinado.

Lo cierto es que esas colas y las alarmas estás encendidas. La preocupación existe. La tensión, si se dijese como en la calle, anda como el arroz, en todos lados; aunque ya este no esté en todos lados.

Texto: José Alemán Mesa

Foto: En el mercado ideal de Joaquín de Agüero, entre José María Agramonte y Simón Reyes.